lunes, 9 de marzo de 2015

Aviones, Aviones


Un viaje de placer debe ser completamente distinto a este, en mi caso me toco viajar por estudios, lo que significaba dejar atrás la familia y una vida que comenzaba a construir, por lo que la despedida en el aeropuerto es, así como en las películas, la situación más triste de mi viaje; debo confesar que jamás había llorado en una tienda comercial, pero ese camino de cuando dejas de ver a tu familia y lo único que hay al rededor son artículos libres de impuestos que puedes llevarte como recuerdo, la expresión más triste del capitalismo, la sustitución de una cosa por la otra.

Como sea, fue quizá la parte más terrible, en cuanto a sentimientos y emociones encontradas, la frase de Wells explica perfectamente lo que ocurrió después, pasar del pánico al aburrimiento, al ser el primer vuelo que tomaba en mi corta vida, y viajar sin la compañía de quien normalmente es mi fuerza o al menos la mano que apretar mientras uno muere de pánico, las sensaciones se multiplican; desde la señorita que me grito terriblemente porque yo en mi irresponsable actitud iba llamando por teléfono mientras abordaba (cosa por demás prohibida salvo que gustes de morir) hasta la cuenta regresiva que me obligue a hacer en francés, para al menos concentrarme en algo más que el movimiento del avión, todo ahora lo veo hacia atrás y me parece una tontería de adolescente, pero en ese momento ayudo a calmar todo.

Digamos que la compañía que te toca en el avión no siempre es esa persona comprensible, o es la viajera experimentada que sabe que dormirse es mejor o es el caballero que te ignora rotundamente o es el joven que se burla de ti, como sea estás sola, así que lo mejor es buscar los propios medios para tranquilizarse.

Para quien sea su primer vuelo y este igual de aterrorizada sirve con decir que si hará escala, la siguiente vez se sentirá mejor, una almohada, música, mi tótem, una pequeña piedra que traje de un estanque significativo, y la propia costumbre maniática de cada uno, repetir números, canciones e imágenes, basta para socavar los miedos.

Una vez arriba, todo vale la pena.

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